“Para mi la realidad no solo es lo que respiro, escucho, veo, toco
la realidad es también lo que imagino, la realidad es lo que ansío”
Ella ha sido otoño desde el día que nació, aunque haya llegado a esta vida un día de primavera.
Debería tener el alma de flor, o quizá de mariposa, pero no. Ella tiene alma de hoja, de esas que aun penden en el invierno. El otoño sirve para caer, pero ella en éste, se resistirá a hacerlo.
A veces sólo bastaba abrir los brazos como alas y cerrar los ojos antes de lanzarse al vacío y dejar que el viento le cortara el rostro y la piel se le volviera de hielo esperando ansiosa que la caída se hiciera vuelo.
Ella, tan enamorada; ciega como debe estarlo una hoja enamorada, correosa como debe estarlo una hoja enamorada, rota como debe estarlo una hoja enamorada. En un desesperado intento por no caer intentó ser hoja en blanco antes de ser hoja de árbol al viento y por último, ser sólo una hoja seca yaciendo en el suelo.
Y ahí la tienen, clavada en un verso que no vuela, que no acaba, esperando que la vida ceda... ó escuche sus deseos.
Ella no sabía decir adiós, siempre se quedaba quieta mirando como los demás se alejaban, esperaba que tomaran la distancia prudente antes de empezar a llorar porque ella, era una hoja que creía que nadie merecía irse sabiendo que había llorado.
Así llegará el otoño y con él las lunas de octubre que de tan manoseadas por la poesía a veces prefieren permanecer ocultas entre las nubes.
No ha llovido en este verano, volverá a llover como aquel otoño, y será imposible, por más que lo intente, ser hoja seca entre tanta agua.
Será imposible, por más que lo quiera, no llegar a noviembre completamente mojada.
A.
